la gata bajo el tejado del sol ausente

Confidencias de una gata de Chamberí paseando por los tejados del mundo

El tiburón que se comió a la gata

4 comentarios

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Tendría yo unos doce o trece años y pasaba unos días en el mítico e inagotable Benidorm. Me encontraba en la playa de Levante muy cerca del Rincón de Loix. De repente vislumbré en la lejanía, o nos vislumbramos más bien, a un sueco.

Yo de negro zaino y él de blanco rosado impoluto y rubio de cabellos dorados  (creo que es el único rubio que hay en mi historia ja ja ja). El caso es que como acostumbrábamos a colocarnos en el mismo sitio día tras día y, al parecer, su familia tenía la misma rutina, pues, con los días y mirada va, mirada viene… nos terminamos conociendo.

La verdad es que aún hoy me pregunto cómo nos comunicábamos. ¡Ah!, ahora recuerdo, en francés. El caso es que cuando alguien te atrae parece hasta que eres capaz de hablar japonés, ¿verdad?. Pasamos unos días muy inocentes, porque además nos acompañaba su hermano ( yo me busqué una amiga porque sino aquello estaba descompensado). 

Fuimos a una Pizzería muy pequeñita y muy chula, paseamos, les enseñamos los garitos que frecuentábamos en pleno centro de Benidorm, muy cerca del Castillo… en fin, como decía, inocencia.

El caso es que nos caímos bien y nos intercambiamos las direcciones (recordemos que por aquellos años o teléfono fijo o cartas manuscritas). Fue un drama la despedida. Ni en la mejor telenovela ja ja ja. En esos años, y bueno hoy en día, algunas despedidas las vivo de forma desgarradora… aunque la madurez da otra perspectiva, por suerte.

Y pusimos rumbo a Madrid. Durante meses nos estuvimos escribiendo con regularidad y aún no sé cómo me leía en español. Si se preguntan si es que acaso yo leía sueco, no, me escribía en francés como antes mencioné. Pero yo escribía en español.

El caso es que una tarde de invierno de mucho frío, mi padre llegó a casa exultante, tenía algo importantísimo en el portal que enseñarme.

Yo pensé para mis adentros, qué majo, qué detalle, me ha traído al sueco ja ja ja. Además, no dejaba de gritar: “¡Corre, corre, ni te molestes en abrigarte, corre!”. Así que bajé cómo estaba, con subidón pensando en por qué extrañas e incomprensibles razones me lo habían traído y, a la vez, con taquicardia pensando en el encuentro.

Llegamos al portal. Allí no había nadie y mi padre seguía: “¡Corre, corre, abajo!”. Yo pensé: pues qué ganas de que se congele.

Bajé las escalera del portal a punto del ataque cardiaco y me dijo: “Mira” y me señaló al frente. 

Miré y me encontré con un tiburón. Sí, sí, señores, un coche. Aquél coche bicolor que levantaba el morro al arrancarlo. Aquél coche que haría a mi padre visible fuese dónde fuese.

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Con algo parecido a esto me encontré, pero bicolor, gris y azul, metalizado. 

La Gata se quedó más bien del color del de la foto, en negro. Subí a casa y no sabía qué me hacía más gracia, si mi inocencia o lo que acababa de ocurrir.

Cosas que pasan.

La Gata de Chamberí.

P.D. El tiburón nombrado el auto más bello de la historia por la revista Classic & Sports Car.

Copiright Beatriz

 

 

4 pensamientos en “El tiburón que se comió a la gata

  1. Jajajajajajajaja Yo creo que a quien se comió el tiburón (o su flamante dueño) fue al sueco.

  2. Jajajajajajajaja, Bueno no se si el sueco hubiera sido tan llamativo como el tiburón, lo cierto fue que tu padre te decepciono un poco con CORRE Y BAJA, jajajajajajaja. de todas formas fenomenal el relato.

  3. El citroën DS, también llamado tiburón, enamoró a muchos por su diseño pero está claro que para la gata nada que ver con el sueco. Que fué del sueco? algún día lo sabremos jajajaja o no. Otra forma de ver el Citroën DS.

  4. Según he leído también consiguió la tercera posición en el concurso Auto del Siglo XX, y el quinto puesto entre los 100 coches más ‘cool’ según la publicación francesa ‘Automobile Magazine’. Autobild lo nominó como el último rey de Francia. La clave es el diseño italiano, puesto que lo imaginó un artista como Flaminio Bertoni, y, ya se sabe, nadie diseña como los italianos. Desde entonces, los suecos, sí los suecos, lo adoptaron como modelo estético para sus coches. Todo por una gata …

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