la gata bajo el tejado del sol ausente

Confidencias de una gata de Chamberí paseando por los tejados del mundo

Camina una milla en sus zapatos.

2 comentarios

 

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La verdad es que he dudado en contar esta anécdota, pero creo que describe con mucho realismo y crueldad el mundo en el que vivimos, ciegos a muchas circunstancias y personas que nos rodean.

Verán, era una mañana lluviosa, poco apetecible, pero aún así, yo paseaba cual feliciana (es decir, toda arregladita, bolso y paraguas en mano y móvil en la otra).

Iba sumergida en mi realidad o embutida en ese pulular sin rumbo que parecemos llevar todos cuando encima vamos whatsappeando (disculpen la palabreja, pero seguro que a más de uno le sitúa y se reconoce).

El caso es que de repente, pegué una patada a algo. Patada por ser fina, porque soy de tacón alto y paso firme, así que más bien fue un patadón en toda regla que mandó el objeto impactado hasta la esquina opuesta.

Levanté la vista y ante mi sorpresa y estupor, le había sacudido un puntapié al cartel de un mendigo, homless o cómo ustedes quieran (que siempre hay picajosos con estos términos y mucha hipocresía implícita).

Por un segundo me quedé paralizada, mientras me parecía que lo que me rodeaba había acelerado de velocidad.

Ante la situación, el apuro, esa falsa vergüenza provocada por la presencia de gente rodeándote que parece no ver más en ese momento, corrí hacia el cartel, me agaché rapidamente a recogerlo y me regresé apresurada hacia el mendigo, mientras hacía equilibrios con el paraguas, el bolso, el móvil…. y oía la voz del susodicho diciendo: “no pasa nada” “no hace falta….”

Después venía lo peor, el hecho de devolverle el cartel. Agacharme y colocarlo de nuevo delante de él, cómo quien dice: “hala, ya estás listo de nuevo para la foto”.

Me acerqué. La situación era muy incómoda y desagradable, yo de pie cómo un ser superior y él sentado en un escalón en el suelo cómo otro ser en inferioridad de condiciones ¿no?

Me agaché, le pedí disculpas y recoloqué con toda la delicadeza posible el cartel.

Madre, que sensación de cutrez por mi parte. Todo incrementado por su mirada clavada en mis ojos, ya que acostumbro a mirar a los ojos, cómo buena gata.

No es que me acabara de caer de un pino, pero sí confirmé lo hipócritas y ciegos que somos. Y con ésta anécdota veo que tenemos, literalmente, que chocarnos con la realidad o más bien, darle una patada, para VER.

Alguno se preguntará “¿pero le darías algo?”. La respuesta es sí, evidente, pero eso, al menos a mí, no me limpia la conciencia (cosa también demasiado común en ésta sociedad, creer que así somos mejores personas y “expiamos otros pecados”, ya me entienden).

Todo quedaría ahí, de no ser porque contarlo es causa de chanza, mofa y carcajadas varias. Deberíamos observarnos en esos comportamientos. Hay una falta de empatía y frialdad manifiestas y eso nunca será bueno en una sociedad ni en nuestra relación con la naturaleza que nos rodea y de la que formamos parte.

Así que, al menos, entonar un mea culpa por no estar en el presente, en el ahora…. en ese y en otros tantos momentos.

Reforcemos algo muy importante con lo que venimos dotados y olvidamos por el camino, la empatía (significado: Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro), que no significa ni compartir opinión, ni lograr entenderla, sino, más bien, alejarse de los prejuicios, vestirse con la piel del otro y sentir su realidad en tus carnes.

Los nativos norteamericanos decían: “antes de juzgar a una persona, camina una milla en sus zapatos”.

Cuando se experimenta la sensación de que las diferencias con otros nos hace remover algo dentro, nos llena de coraje y resentimiento, nos crispa, nos quita la tranquilidad y el sosiego…. imagínate que te quitas los zapatos y te pones los del otro. Cierra los ojos, e intenta conectar con ese caminar, libre de todo juicio.

Nos permitirá observarnos a nosotros mismos desde afuera, desde la perspectiva de otro, desapegándonos de nuestros propios prejuicios.

La Gata de Chamberí

Copiright Beatriz

2 pensamientos en “Camina una milla en sus zapatos.

  1. Acertadísima la foto y más tus reflexiones. Nada de lo humano me es ajeno. Enhorabuena Gata

  2. Una gran reflexión, felicidades.

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